miércoles, 18 de enero de 2017

-3. Pregúntame cosas de millonaria

Sus manos temblaban y ardían al mismo tiempo. Un escalofrío se apoderaba de mi cuerpo cuando, suavemente rozó mi cuello el frío de los diamantes. Sus manos siguieron su curso mientras me transportaban a la más cálida de las sensaciones. “Es un efecto secundario” me decías, pero sabías perfectamente que eres el único que tiene tanto control sobre mi cuerpo. Los diamantes ayudaron pero la culpa siempre era tuya. Ese día conseguiste lo imposible.

-¿Qué te pasa pringada?
-No sé, perdona. Me ha deslumbrado el maletín este.
-Ya, el maletín. Pues eso que busques en Google lo que te he mandado por mail, que nosotros nos vamos a dormir.
-Tú eres cada día más tonta. Mañana me lo cuentas de camino al aeropuerto.
-¿Mañana ya nos vamos?
-Por mi he acabado por aquí. A no ser que Google me sorprenda.


El despertador fue tan inútil esta mañana como cualquiera. En París el dormir no existe, a las ocho decidí pedir el desayuno y me puse a buscar en google sobre no sé qué de unas piedras preciosas que cuidaban unos monos no sé dónde. Me sorprendió, pero no lo suficiente como para retrasar mi vuelta.
Hice un par de llamadas y a las 10 ya era toda una experta en ellos. ¿De dónde los habrá conseguido? B tenía razón. Nos faltarían vidas para gastar el valor de esos diamantes en dinero. No me quedaba opción.
Me calcé las tn, vaqueros, jersey negro y me recogí el pelo en una coleta. Mierda. Las llaves del coche, a saber dónde están. Las encontré nada más encenderme el cigarro así que ahí lo dejé, consumiéndose en un cenicero de mármol, tan bello como inútil, y marché por el ascensor de emergencia hasta mi carro.
Joder. Llueve demasiado y no tengo tiempo para esto, ni para ir a 70 en la autopista, en serio no tiene sentido, désolé. Por esta me cae alguna multa seguro, pero mis pensamientos no estaban enfocados en esa dirección, solo trataba de esquivar. Esquivar cualquier cosa. La dirección la tenía clara, pero, a pesar de obviar los semáforos -tampoco es que la gente los respete demasiado en este sitio- el tráfico no ayudaba. 
Llegué tarde. No había nadie allí. Nadie más que la Torra Eiffel asomándose a lo lejos ante la niebla. Había dejado de llover y tanto mi coche como mis zapatillas estaban llenos de barro, pero si yo estaba pringada ella más.
No quiero irme de aquí, hacía mucho tiempo que no estaba sola. Este parque era perfecto, lo conocí hace tiempo y lo hice mi refugio. En Madrid tengo varios pero aquí me resultó una misión más complicada y este, sin duda, era mi favorito. Nada malo había pasado aquí, jamás, de todas he salido un tono más.
A los veinte minutos mis dedos comenzaron a cambiar de color pero mi cabeza ardía en llamas. No quiero ver a nadie, bueno sí pero no está. Y la señora tampoco. Sé que ella tiene algo que ver, se adelantó, pero tendría que volver, antes de que mis órganos pierdan su sentido de nuevo.
La siguiente hora pasó sin más, el sol subía y las nubes se alejaban al ritmo que marcaba el viento. Suave, París me dedicaba sus últimos suspiros, recordándome que los míos fueron desterrados y encerrados en una maleta.
El iPhone no dejaba de sonar. 

-¿B?.
-Ya sabes por qué vine a Paris, ¿verdad? Llego en diez.
-Voy yo, hace frío.

No podía entrar en el coche así. Mi coche no se merecía ensuciarse con mis caprichos. Abrí el maletero y rebusqué en la mochila de repuesto. Peor de lo que me pensaba, solo había un vestido de fiesta y unos tacones que me tendrían que servir.
Intenté llegar lo más rápido que pude, los tacones no eran reto.
Llegué al hotel y aprovechando que Mario estaba fumando, para variar,  le dejé el coche para que me lo limpiase y subí a la habitación de mi hermana tan rápido como pude. 

-Take care of the car, clean the sneakers and be up in 20. 
-Cool

Llegué al ascensor y subí a mi planta. B y Cam subieron en la suya, cada uno con una maleta. Bien, por fin un acto coherente de su parte. 

-Ya se que es eso, no sabía que estuvieses tan loca. 
-Fue Cam quien lo descubrió realmente. -El mono tardó poco en subirse a la maleta de B y pegar un gritito de orgullo, supongo. 
-Vale vale. ¿Cual es el plan?
-¿Te deja papa el jet?
-Si pero el capullo de tu hermano tiene el grande, no invites a gente y ayudame a hacer la maleta porfa. 
-Vale, estamos grabando un nuevo documental. Millonarios del mundo. ¿Después de mi a quien entrevistó?
No pude evitar reírme, mi hermana cada vez estaba haciendo más dinero con sus vídeos. Hasta el punto de vivir gratis cuando lo necesitase, sobraban casas, coches y arrogancia. Lo mejor, es la mejor persona que conozco y conoceré, y puede que de las más feroces. 
-Vale vale, y cuando te pregunten que de donde lo sacas dices que te lo dio todo una tribu de monos y seguro que te regalan un canal de la tele. 
-Mi primer reality sería estilo Supervivientes pero cool. 
-Jajajajajsjajjajajajjaa vale B, yo te lo presento. Pásame un par de sudaderas y nos vamos. 
-Y esta de aquí rosa es mía así que me la quedo, ladrona. 

Llegó Mario para ayudarnos con las maletas y nos llevó a coger el avión. Confíe mi coche en sus manos, es familia ya. 
Subimos todos al avión lo más rápido que pudimos pues el tiempo no estaba a nuestro favor, pero eran solamente dos horas de vuelo y teníamos un piloto con el que llegaríamos a salvo al fin del mundo. 

-Dale Yisus pa casa. -Canturreaba mi hermana mientras grababa todo con el movil. -Pregúntame cosas de millonaria.
-¿Qué dices? venga vale, pásame el móvil. -Al levantarse también lo hizo el avión. Se elevaron ambos y un golpe, un desgarro, sonido estridente que no correspondía. -Lo que ha sonado no ha sido solo tu cabeza contra la pared.   
-Claro que no, ¡qué susto! -Fue corriendo a la cabina. -¿Qué ha pasado?
-Las ruedas, al despegar, como si se hubiesen despegado, esto hace dos horas estaba perfecto, no entiendo nada. 
-¿Lo revisaron todo?
-Esta mañana. No pasa nada, podemos volar pero el aterrizaje será un poco más turbio. 



martes, 10 de enero de 2017

-2. No le gusta que le llames mono

-Hey, less screaming than usual, everything ok? 
-Yes, more hotels coming, we might have to visit the zone soon. Beer?
-Sure. 

Nos acabamos la cerveza y fuimos al McDonalds. Siempre celebramos nuestras victorias igual: comida basura y humo. 
De camino hacia el parking Mario se ofreció a llevarme en su moto, pero en cuanto vio mi Lexus nuevo se derritió y no fue nada complicado convencerle de que mi carro era mejor opción. 

-Oh my god, I love it. 
-I know, I love it too. Macdo?
-Oui señorita. 

Comenzaba a chispear y el tráfico es horrible a estas horas. Acelero para evitar un par de semáforos en lo que Mario soba y toquetea cada botón y pantalla de mi nuevo juguete.

-How did you get it so soon?
-Guess.

Sabía que la respuesta no iba a ser de su agrado, el coche fue un regalo de parte de mi hermano hace un par de días y su relación con Mario estaba bastante tensa últimamente. Siempre supe que le gustaba mi hermano pero jamás pensé que él le haría caso. No sé, Carlos siempre ha sido un tío muy duro y Mario pues, todo lo contrario. 
Mario es más alto que mi hermano, delgaducho, pelo negro, piel pálida y ojos verdes. Típico inglesito rebelde y consentido que vio su mundo patas arriba cuando sus padres decidieron divorciarse y no saber nada más de él. Solía llevar un piercing en el labio que desapareció en cuanto le contraté. "Not classy" decía. A pesar de haberle dejado muy claro que no me importaba su apariencia con tal de que no influyese a su eficiencia, la arrogancia parisina se contagia como la peste y cambió su look reivindicativo y rebelde de cuando estudiaba en Londres, por el pijoterío clásico de la ciudad del amor. 
Quizás por eso mi hermano se aburrió de él. 
Se conocieron en la universidad, a los pocos meses empezó a salir con esta loca y pensé que igual se ablandaría un poco, pero me equivoqué y él sigue a su puta bola. 
Llevan ya bastante tiempo de tiras y aflojas, y me refiero a años. Mi hermano es el típico hombre que tiene que tener todo bajo control, al igual que mi padre y cuando ve que puede haber algún cabo suelto o que sus planes no son llevados a cabo a la perfección, huye. Creo que es algo de familia. 
Rubio y ojos azules, también cosa de familia, aunque su carita de niño bueno no casa con su cuerpo de puerta de discoteca, su mayor cualidad es manipular a la gente, siempre con delicadeza. Un español bastante alemán, pero con debilidad por la Mahou. Conmigo no puede, sabe que estoy en su nivel, sabe que soy la única que puede entenderlo. 

-Don't answer. 
-It’s my brother. 
-He's an asshole. 
-You are an asshole too and I'm buying you chicken nuggets. 

Encendí el manos libres.

-Hola Carlos, ¿todo bien?
-¿Estas con él a que si? Le oigo respirar. Dile que me llame. 
-I'm not calling you, wanker. -dijo Mario con un tono de voz que ni el mismo se estaba creyendo mientras se oía.
-Ok. Anyways, que te llamo porque va a ir B a verte y creo que quería llevarse a Cam. 
-¿Qué? ¿Pero esta niña es imbécil? Dile que no, no sé qué se piensa que es esto pero...
-Bueno lo hablas con ella, a las 17.00 en Orly W si no recuerdo mal. 
-¿Hoy? ... Carlos...

Me ha colgado. A su puta bola siempre. Lo que no entiendo es por qué me ha llamado él en vez de B. 

-Told you he's an asshole. 
-Call B please. 
... 
Comunicando. 
Recogemos nuestra comida y volvemos al coche. 

-You want me to drop you somewhere or you are coming with me?
-I'll go with you just give me a second. -saca un cigarrillo de su bolsillo y se lo enciende, yo hago lo mismo. 
-Who are you calling? -aunque estaba claro que la respuesta era mi hermano. 
-Guess. -pobre Carlos lo que tiene que aguantar.
-So predictable, get in the car. 

Cuando llegamos al aeropuerto ya había aterrizado. Es fácil reconocer a B. No ves muchas niñas de pelo blanco hasta la cadera con un mono de la mano. 

-Joder como habéis tardado. Oye estas ideal, long time no see. 
-Thanks queen B, your hair looks amazing too. 
-Pareces una vieja Berni. No entiendo por qué te has traído a Cam. Como lo pillen me matan. -digo mientras miro al mono que lleva mi hermana subido a su maleta- Cam, no te pueden ver. Cuando lleguemos al hotel, a la mochila. -me hace un gesto raro con las manos pero se que me ha entendido. 
-Calla. Estoy muerta vamos al hotel y te cuento. Te he traído regalos. Bueno, los tiene Cam en los calzoncillos, no sabía si aquí era legal o no. 

Decidí no hacer más preguntas, pero no pude evitar fijarme en que el paquete de Cam era bastante más grande de lo habitual y rompí a carcajadas.
No entendía nada. ¿Qué hace aquí mi hermana pequeña con un mono y traficando yo que sé qué?
Mario y B me miraban con desconcierto pero acabaron contagiados por mi risa absurda. 
Cuando llegamos al hotel todos comenzaron a avasallar a preguntas a B. En realidad llevaba todo el verano sin verla y a Cam más aún. 
Ella se marchó a Tokio a hacer unas prácticas y reuniones hace ya un año y allí lo adoptó, más o menos, el caso es que ese mono salvó su futura carrera más de una vez. Tras pasar allí un par de meses volvió a España, pero raro es el mes que no tiene que marchar a grabar algún vídeo o reportaje y el mono ya era parte de su identidad. Era jodidamente listo y siempre iba perfectamente trajeado y peinado, pero nadie había conseguido jamás que calzase algo que no fuese deportivas. Al principio pensé que era mi hermana la que le elegía los modelitos pero no, es cabezota como el solo. Me encantaba ese mono, pero no en mi hotel, por lo que aproveche la hipnosis que había provocado mi hermana en todo el mundo y volvía al coche a por Cam. No fue difícil la verdad, metí mis tubular nuevas que llevaba en el maletero del coche en la mochila y no pudo resistirse. Fue detrás. 

-Como las destroces te tiro al Sena. 
-Ok who are you threatening, badass? he's Japanese. 
-Shut up Mario. B, subimos. 

Su suite estaba situada justo debajo de mi planta. Digo planta y no habitación porque mi habitación abarca prácticamente todo. Me gusta tener desocupada la azotea de los hoteles, no suelo dar reservas jamás ahí, por mucho actor o presidente que sea, la azotea es nuestra. 
Dejo a Cam y a B que se instalen y subo a mi habitación. 
Me encantan las vistas de esta ciudad, me pasaría horas aquí pasmada, nada me relaja más. Una lágrima brota de mis ojos y cae por mis mejillas, demasiado salado, no me apetece, pero ya van a cumplirse las dos semanas y no se si lloro de emoción o carencia. El precio a pagar era alto pero siempre pensé que juntos podríamos controlar el mundo y no vamos mal encaminados. Él es el amor de mi vida. Lo supe rápido. Lo que no supe tan rápido es que le necesitaba tanto. No sabía que era tan imprescindible en mi vida a pesar de no haber sido nunca jamás de imaginarme sin él. Cada día sin hablar es una tortura y cada kilómetro un puñal clavado y sangrando. Nunca hemos conseguido estar más de un mes separados y espero que siga así. Mientras le tenga sé que nada puede ir mal. Ya solo quedan un par de días para volver a sentirle y me pueden los nervios. Últimamente siempre conseguíamos compaginarnos, el mes pasado lo pasamos en Chile cerrando un proyecto de red de carreteras secundarias y poco antes estuvimos dos semanas perdidos en Hawaii buscando posibles accionistas para ampliar los resorts. 
Cuando estoy con él nada me preocupa, mis ansias de conquista se paralizan y todo cuanto existe pierde su importancia. Dos semanas se hacen un mundo y evitar no pensarlo es inútil. 
Oigo gritos y vuelvo a la realidad.


-Dice Cam que le mola más tu habitación. 
-Seguro que sí... ¿qué cojones escondes B? ¿Qué lleva el mono en los pantalones? -un grito sale del baño. 
-No le gusta que le llames mono, ya lo descubrirás pero puede que con eso no tengamos que volver a trabajar nunca. 
-A mí tampoco me gusta que esté en mi baño teniendo vosotros uno. Además, lo nuestro tampoco es que se pueda llamar trabajo. 
-Bueno, ya espera a que Cam que salga del baño y te cuente él. -vale, mi hermana está loca, Cam es listo pero no tanto.

-Cam no habla... 

En ese momento, un mono vestido de traje y con Jordan se acerca con un maletín negro. Al abrirlo enloquecí.


domingo, 8 de enero de 2017

-1. Son las diez y sigo sin desayuno



Empecé el viaje con ganas de evasión, buscando soluciones a traumas que aún no he llegado a aceptar y respuestas a pesadillas que aún se repiten. No se me da bien huir, no me caigo lo suficientemente bien como para aguantarme más de un par de horas, ahora al menos conozco ese hecho. 
Son las diez y sigo sin desayuno. Después de una noche de insomnio, de lágrimas descarriladas y falta de aliento y respiración qué menos que una buena dosis de cafeína. 
No sé qué hacer con los rusos, tendrías que haber venido conmigo pero el trabajo es el trabajo, me aburre todo este lujo sin nadie con quien destrozar la habitación por las noches. Menos mal que esta vez es solo cuestión de semanas.
Vuelvo a llamar a recepción y me dicen que en seguida llega el servicio de habitaciones pero yo necesito un café para poder levantarme de la cama. 
No lo hice nada mal. No tengo nada de lo que quejarme. Llevo una vida envidiable que no cambiaría por nada, con una excepción, qué pena que esté loca. 

Riiiiing, riiiing, riiiing
-Good morning Mario.  
-Where are you? Russians are almost here. 
-Great, if they arrive before I do just give them something to drink or to eat or whatever they want. Just keep them in the hotel, you know how to. I'll be there in an hour. I hope. 
-Boss but you were supposed to be ...

Que sí, que vale pero aún no me han traído mi café. Llevo media hora despierta y la lluvia no parece que vaya a escampar. Si por algo se caracteriza esta ciudad es por su clima de mierda, pero cada vez me molesta menos, lo bueno de que el buen tiempo ya no me haga feliz es que la lluvia ya no me retiene ese buen humor. Vivo en un estado neutro. Difícil de emocionar, no lo van a hacer cuatro rayos de sol mañaneros. No lo hacen. Hace dos semanas que no veo el sol. 

Toc toc toc

¡Por fin! Me cubro con el albornoz del hotel y unas zapatillas a juego. Me quedaría así todo el día, siempre me han gustado mis iniciales, quedan bien en cualquier sitio, además en seda queda mejor. Jamás pensé que llegaría tan alto. Bueno quizás sí, pero no tan fácil, solo tengo 25 años. Abro la puerta, y me enciendo un cigarro mientras repaso el proyecto de los rusos. Aun no sé si me convence y el café está más caliente de lo que esperaba. Cuando miro el reloj ya son casi las once... como no empiece a prepararme rápido comenzará la hecatombe. 
Salgo de la ducha y me visto a toda velocidad, un par de llamadas perdidas del pesado de Mario que no hace más que meterme prisa, al igual que mi cabeza, ansiosa por huir. 
Me calzo los tacones más altos, el vestido negro que me regalaste antes de venir y me recojo el pelo en una coleta alta. 
Cojo el bolso y salgo por la puerta. 

-Hey, I'm not sure if i'm going, but I'm sure you'll be ok. 
-Wait, what?
-I'll get you a beer tonight. Bye. 

No lo iba a conseguir. Ya estaban empezando a descontrolarse las lágrimas que sin sentido comenzaban a bajar por mis mejillas aterrizando en mi boca y nublándome la visión. El porqué, jamás conseguí descifrarlo. Necesito ir más rápido, meto sexta y alcanzo los 140. No quiero que empiece, otra vez no, llevaba tiempo sin pasarme durante el día y siempre es peor. Por la noche no hay que dar explicaciones, te mueres tu sola en tu mierda. Por el día hay obligaciones que cumplir y sonrisas que regalar, porque sí, no hay tiempo para euforias inexplicables. 
Cuando mis lentillas ya no son fieles ni útiles por el exceso de drama no me queda otra que buscar un destino o pegármela, pero tengo coche nuevo y un remedio para estas ocasiones, medicina alternativa a este amor que me ha dejado de psiquiátrico, un sitio que le haría sentirse rey hasta al más infeliz, pero que conmigo cada vez funciona menos, debería dejar de frecuentarlo. 

Llego al mirador pero parece que alguien ha tenido la misma idea que yo. 


Cuando todo a tu alrededor es perfecto menos tú, cuando tú eres la única que tiene el problema contigo, la solución parece algo totalmente irrelevante ya que exclusivamente me afectaría a mí, solo cambiaría mi vida y no estoy dispuesta a hacer ese esfuerzo, no compensa. La autodestrucción es el refugio y castigo de los grandes. Quizás por ello solo busco alternativas que me evadan de esos momentos en los que el problema consigue destruirme. Además hace ya tres días que no te veo y, siendo tú la causa, las consecuencias son igual de nefastas. Insisto, que pena que esté loca. 
Fuera de mi sitio de pensar, viejo.


-¿Hola? ¿Bonsoir?
-Hola, ¿Qué quieres? –me contesta la señora. Juraría que era un hombre de espaldas, pero no, lleva un gorro muy confuso. En su rostro comienzan a asentarse algunas arrugas de expresión, rondará los cincuenta y pico. Labios pintados, pendientes enormes y una bufanda de visón, no es cualquier señora.
-Nada –que te vayas de mi sitio por favor.
-¿Y qué haces aquí si no quieres nada?
-¿Perdón? 
-No es la primera vez que la veo aquí y esta vez no la siento igual. –dice con un acento francés que me confunde bastante.
-¿Y usted quién es, qué quiere? 
-Un cigarro si es tan amable.
Le di un cigarro y me fui. No me gusta la gente que se cree más lista que yo sin conocerme y menos aun la que dice creer que me conoce, pero soy incapaz de negar un cigarro a nadie y esa señora del gorro consiguió que llegase a la reunión a tiempo, no sé como pero me dio fuerzas.
El mirador se encontraba tan solo a 10 minutos del hotel dónde iba a tener la reunión, y lo bueno de ser la jefa es que no pasa nada por llegar tarde, incluso en París.
Llego al hotel, aparco el coche y me limpio los ojos para intentar dejar de ser un mapache; cojo el pintalabios de emergencia de la guantera y me coloreo los labios de rojo. Como no, en la puerta se encuentra Mario, devorando Marlboro light y caminando de un lado para otro. Cuando me ve tira el cigarro y me sigue.

-Thank the Lord, I knew you would come. You are not as bad as you think you are.
-Mario don’t be dramatic.
-That’s my job honey. I like your dress by the way.
-Don’t. Where are the Russians?
-First floor, room 3. Just arrived.
-Thanks.
-Beer still on?
-No abuses…
-Suerte chata.


Su español es una mierda, pero es el mejor secretario que podría imaginar. La verdad, no sé cómo me aguanta a mí ni cómo consigue hacerme la vida tan fácil. Su estrés me desestresa. Además su acento medio irlandés medio francés me resulta agradable. 

La reunión fue mejor de lo que esperaba. Conseguimos llegar a un acuerdo después de tres horas y bastantes gritos, HH acababa de adquirir dos joyitas en la zona y creo que todo el distrito XVI se había enterado de ello.
Los Rusos eran tres. A ella la conocí en el máster y siempre supe que estaría en mi equipo. Me llamó la atención su carácter y la energía con la que actuaba, también conocía sus ataques y sus formas de divertirse, pero jamás me imaginé que aquella venezolana hiperactiva acabaría en un trío con dos de los hombres más ricos de Rusia. Era la tercera reunión que tenía con ellos pero la primera en la que habíamos llegado a un acuerdo y no se había roto ningún mobiliario de la sala. Les gusta discutir con gente, ella paga sus carencias con mi vajilla de porcelana china y ellos sueltan puñetazos cada vez que ella les maldice en su idioma materno, pero esta vez los gritos fueros suficientes. 
Tenían más dinero del que necesitaban y se dedicaban a jugar al Monopoli, a mis hoteles les convenía.
Bajamos a recepción y les ofrecí una copa tras la reunión, ninguno la aceptó. En su lugar comenzaron a contarme lo bien que les iba su relación y que habían sustituido su consumo de alcohol y drogas por tres cachorros de San Bernardo. Me aburrieron y salí a fumar.